lunes, 15 de junio de 2026

Noche de ronda (III)


 

Cuando la luna bañó de plata la plateresca fachada del palacio del tercer conde de Trijueque, púsose Tirso bajo el balcón tras cuyos cortinones una trémula luz veíase entre sombras que iban y venían. Verdad era que no terminaba de ver claro semejante lance amoroso, que en las novelas de caballerías este tipo de desahogos no eran propios, pero si una dama demandaba que cantaran bajo su ventana, él obedecía servicial.

 

Asómate, asómate al balcón,

Carita de azucena, y así verás

Que pongo en mi canción

Suspiros de verbena.

 

Empezó a cantar como buenamente pudo mientras atrás Riquelme y compañía lo jaleaban por lo bajo.

 

Enredándose en el viento

Van las cintas de mi capa,

Y cantando a coro dicen

Quiéreme niña del alma.

 

En el balcón de la dama se percibió movimiento de cortinas, señal de que Violante estaba atenta al arranque de la serenata. Luego mataron la luz, que en eso entendió el rondador que la rondada rodaba embelesada hacia él, por lo que lo intentó con unos versos de su cosecha.

 

Soy cantor de la tierra de Ventorrillo

Traigo sones de veletas y postigos

Que van llenando balcones y pasillos.

 

El hacendado lirismo de aquellos versos pronto hizo mella en la dama, que Tirso bien oyó abrirse la puerta del balcón, señal de que Violante ya no era dueña de sí y quería responder a sus glosas. Sopesaba continuar con una estrofa a la manera de Petrarca o tirar a lo seguro y marcarse una coda de trovador provenzal, cuando algo lloviole de lo alto. Presto entendió que no era ninguna prenda de amor que Violante le ofreciera, pues aquellas aguas que por él cayeron en su olor y color eran en todo iguales a los orines. Y lo peor es que venían mezcladas con aguas mayores, particularmente unos zurullos de buen tamaño que cerraron la boca de Tirso de sopetón. Calado de arriba abajo quedó, y todavía no había digerido el mensaje implícito en la airada respuesta de Violante, cuando en el piso bajo se abrió una puerta lateral y por ella salieron cuatro lacayos mal encarados y armados con palos.

 

14 comentarios:

J.P. Alexander dijo...

Genial relato. Ne gusto el final. Te mando un beso.

TORO SALVAJE dijo...

Joder, vaya chasco tan maloliente!!!

Dyhego dijo...

¡Ay, ay, ay, pobre Tirso!
¡Malditos bromistas!
Salu2.

Cabrónidas dijo...

Tirso debe reaccionar de inmediato. Tiene que correr la sangre...

Doctor Krapp dijo...

¿No habrá consuelo para tan desconsolado caballero?

Rick dijo...

Ya me parecía a mí que la cosa no iba a acabar bien. Ahora, estoy con Cabrónidas: o Tirso es un pichafria o aquí hay una bronca, y de las buenas.

J.P. Alexander dijo...

Buen fin de semana. Te mando un beso.

Chafardero dijo...

Muchas gracias. Besos

Chafardero dijo...

Desaires mezclados con aguas mayores, mal asunto

Chafardero dijo...

Los estudiantes siempre tan aplicados

Chafardero dijo...

Por ahora lo único que corre es la mierda

Chafardero dijo...

El consuelo está lejos de salir al encuentro de nuestro caballero

Chafardero dijo...

Habrá reacción de Tirso, pero floja

Chafardero dijo...

Muchas gracias, lo mismo