lunes, 21 de octubre de 2019

Alcalde de cartón

alcalde de cartón


Si hay una político íntimamente ligado a las necesidades de su electorado ese es el alcalde. Diputados y ministros en campaña electoral prometen el oro y el moro intangible, invertir la tendencia de crecimiento negativo de la masa monetaria en estado sólido, o liofilizar el sistema de pensiones para realinearlo con los anillos de Saturno. Los alcaldes tienen que ajustarse a la realidad si quieren llevarse al huerto al votante: la farola que falta al final de la calle, la avispa asiática que invade las afueras, o la ampliación del programa de fiestas, que no le da tiempo a la peña de mamarse como quieren. Todos estos y otros problemas que llenan la mesa del alcalde a diario hacen que algunos, como el del pueblo mejicano de Pichucalco, Moisés Aguilar, decida dejarse de actos protocolarios y trabajar duro en su despacho. Para llenar ese vacío en los actos públicos ha mandado hacer una imagen suya de cartón de tamaño natural, puño en alto, para que los vecinos no se sientan desatendidos por la municipalidad. Que hay que celebrar la onomástica del juez de paz o inaugurar el curso de alfarería creativa, manda al alcalde de pega. Moisés alega que esto le permite dedicar más tiempo a la gestión del pueblo, y los vecinos divertidos de poder hacerse todas las fotos que quieran con el alcalde.
Por estos lares es difícil que la medida prospere, aquí a los políticos les gusta figurar sobre todas las cosas. Disfrutan como niños inaugurando rotondas o presentando las nuevas escobas con las que se dotará al servicio de limpieza. Justo podría ocurrir lo contrario, que dejaran al alcalde de cartón piedra en el despacho con el papeleo, mientras el de carne y hueso otea desde el bar de enfrente del ayuntamiento el glorioso futuro que le espera al pueblo bajo su mando apalancado en la barra.

lunes, 7 de octubre de 2019

Surfear desde el sofá


La nueva ola ya está aquí, en este caso de algodón. Si ya te aburre lo del toreo de salón, prueba a surfear desde el sofá. En un deporte tan azaroso como el surf, donde pocos consiguen mantenerse en la cresta de la ola unos segundos, el entorno controlado del sofá permite hacer eterno ese fugaz instante. Serás un jinete de espumas hasta que te aburras, o hasta que enciendan la tele y te echen del sofá, sin salir de casa y sin que te aprete el traje de neopreno.
Las ventajas de surfear en la sala son de sobra conocidas. Gastos de desplazamiento reducidos, temperatura controlada, olas a medida, posibilidad de escuchar a los Belairs con sonido envolvente, y si se te escapa la tabla nadie se dará cuenta. Se recomienda una caracola en el oído para ambientarse. El único riesgo es la adicción que crea esta modalidad. Se han reportado casos de surferos que se han subido a unas de estas olas y no han podido bajarse. Alguno incluso se ha quedado dormido.