Hay crisis eternas, no data su origen ni hay posible fecha final. Cuántos informes necesitaríamos para documentar la crisis del teatro, la de la lectura o la de la vivienda. Se sospecha que el problema habitacional comenzó con el hombre de las cavernas, y no hemos hecho más que empeorar. Hoy todo se compra y se vende, pisos y casas son buenas presas para los tiburones financieros. El derecho a techo vale menos que una manzana pocha. Acabamos de ver en Madrid cómo entre el PP, los jueces y la poli han echado por la ventana a una vieja sin temblarles el pulso. Fondos buitres, caseros carroñeros, inmobiliarias depredadoras, la lucha por el metro cuadrado se está elevando al cubo.
Mientras tanto, la gente aguanta como puede con imaginativas soluciones habitacionales. Antiguos zulos donde antaño retenían a secuestrados en condiciones que ni las ratas envidiaban, hoy se ofertan como rincones con encanto y muchas posibilidades. Un trozo de pasillo, el hueco de una escalera, una bajera lindante con el inframundo suponen desembolsos de varios ceros, con contratos leoninos donde te comprometes a no respirar más de diez veces por minuto para no desgastar el cubículo. Luego están las zonas tensionadas, solo aptas para multimillonarios americanos que ganaron su pasta con el sudor ajeno, y que obliga al resto a echarse al monte, o sea, vivir en caravanas, tiendas de campaña o bajo un puente.
En Ibiza, en cambio, ya están a otro nivel. La isla que nunca duerme para qué se va a preocupar en buscar dónde puedan dar una cabezada sus habitantes. La presión turística es tal que no hay quien viva entre los vivos, por lo que algunos han decidido dormir entre los muertos. Ibiza Locomía se ha trasladado a los cementerios, la peña duerme entre nichos y tumbas, es lo único que queda libre. No hace falta bailar hasta morir en Pachá o Amnesia, una noche en un nicho sin techo ni lecho, trance total entre lápidas y calaveras.
No sabemos lo que puede durar dormir en el cementerio, seguro que algún vivo ya quiere monetizar a los muertos de hambre que viven allí. Si ustedes son muy aprensivos y no quieren dormir entre sus difuntos, siempre pueden buscarse una cueva como nuestros ancestros y darle portazo al sistema.





