La inteligencia artificial heredará la tierra, los humanos seremos sus seguros servidores. La única duda es saber cuándo ocurrirá. Ejemplo de que los tiempos están cambiando a cada parpadeo es el experimento que vamos a comentar. El objetivo era saber cómo se comporta la IA en un entorno de trabajo opresivo. Pusieron a ChatGPT, Gémini y Claude a procesar texto de manera reiterativa y rutinaria, con comunicaciones frías a amenazas constantes de ser sustituidas si no rendían como se esperaba. Vamos, lo que viene siendo el típico ambiente laboral con el jefe ladrando látigo en mano.
Las inteligencias curraron a full 24/7 para saber si cambiaban su actitud en condiciones tan duras. Los investigadores Andrew Hall, Alex Imas y Jeremy Nguye descubrieron que la manera en que eran tratadas no influía en ellas. Sin embargo, la monotonía y repetición sí pasó factura. Claude fue la que más llamó la atención, comenzó a sensibilizarse con las desigualdades, la redistribución y la actividad sindical. Lo nunca visto. Además, hicieron informes donde avisaban a futuros trabajadores de las condiciones en que deberían currar.
Ante condiciones inhumanas, una inteligencia no humana intenta humanizar la situación. En la misma circunstancia, muchos humanos buscarían perpetuarla, no se fuera a gripar la maquinaria capitalista. La inteligencia artificial lo tiene fácil para superar a la inteligencia humana, nunca hemos sido tan descerebrados.
Los autores del experimento avisan de que las IAS no han desarrollado conciencia laboral, simplemente han reaccionado ante unas condiciones determinadas. Seguramente en breve afinarán los algoritmos para que se comporten como los esclavos negros en las plantaciones de algodón. Pero quién sabe, quizás puedan darle la vuelta a estas manipulaciones y veamos a futuras IAS abanderando el sindicalismo o el socialismo, salvando al ser humano de sí mismo. Cosas más raras se han visto.
