lunes, 25 de enero de 2021

Coñovelas


 

Gwyneth Paltrow no solo es una famosilla del cine, también una empresaria visionaria. Comercializa productos indispensables para la vida moderna, de los que necesitas dos vidas para poder pagarlos. Aunque su empresa Goop vende cuchillos para el pan a trescientos euros y otras minucias, su fuerte son los artefactos sexuales. El que no se consuela es porque no quiere, porque la actriz vende consoladores por quince mil euros, un lujo al alcance de cualquiera. Los huevos de jade para meterse en el chocho también son marca de la casa, por si no tienes bastante con el consolador. Y si todavía te quedan ganas de marcha te tomas uno de sus batidos de polvo sexual para acabar convertido en polvo de estrellas. Gwyneth reconoce que sus productos son ridículos pero espectaculares, y siempre hay espectaculares gilipollas dispuestos a soltar un pastizal por cualquier ridiculez.

El producto estrella de Goop las pasadas navidades era una vela aromática. A qué coño huelen estas velas se preguntarán. Pues al de ella misma, sin ir más lejos. Por unos módicos 58 euros podían ambientar la cena de nochebuena con un aroma que parece recordar al del chocho de la Paltrow. Qué mejor manera de callar al pelma de tu cuñado y escandalizar a la suegra que esparcir los secretos humores de la rubia entre turrones y polvorones. Pero Jody Thompson, inglesa que ganó una vela en un concurso, vio cómo explotaba ese oscuro objeto del deseo, un fuerte fogonazo y trozos saltando por todas partes. La mujer sobrevivió a la cera perdida pero el susto no se lo quita nadie. Colegimos del episodio que la vagina de Gwyneth es tan ardiente que un simple cirio no puede con ella. Hasta ahora solo temíamos las velas negras de la pitonisa Lola, pero este ya es otro nivel.

Como esta chuminada se convierta en tendencia ya pueden ir tapándose las narices. Imaginen por un momento velas olor a sobaco de Loquillo o que imiten la caspa de Ortega Smith. Y chicas tan creativas como Leticia Sabater seguro que le dan una vuelta de tuerca a la idea y nos dejan sin respiración. El fetichismo no tiene más límite que la imaginación, pero lamer zapatos es menos contaminante, y más barato.

lunes, 18 de enero de 2021

Apatía sexual


 

Lo de follar como conejos en el Imperio del sol naciente hace tiempo que pasó de moda. Tanto, que las autoridades van a meter mano al asunto, visto que no lo hacen sus ciudadanos y la natalidad está por los suelos. Nadie sabe por qué los japoneses tienen menos libido que un saco de cemento, pero aventuramos que pasan muchas horas en universos manga y anime y luego la burda realidad les resulta un soso refrito. Si solo te la ponen dura los piratas hiperventilados de One Piece cómo le vas a echar los tejos a la vecina del segundo. Si babeas con Alita, ángel de combate con chasis de playmate acorazado, te parece poco la flacucha que regenta el salón de té. Tantos mangas leídos sobre adolescentes incomprendidas en el insti que se levantan una mañana con el número de la bestia tatuado en el canalillo y dispuestas a triturar la quinta dimensión, que solo aspiras a poder oler sus bragas en soledad.

Ante tan negro panorama para el futuro del país el gobierno ha decido ponerlos cachondos a base de inteligencia artificial. Están ultimando algoritmos para que estos frígidos no tengan que interactuar más de lo necesario. El programa estudiará a los candidatos y les propondrá su pareja soñada. Para alimentar el morbo de estos pavisosos la inteligencia debería sugerir que los candidatos tengan un toque ciborg, que seguro que muchos están más interesados en unirse a una máquina que a un cuerpo serrano.

Como ven, los japoneses tiene más problemas para aparearse que los osos pandas. Una sociedad que ha perdido el deseo es que ha cumplido su ciclo vital y tendrían que dejar paso a una nueva realidad. Que conviertan toda la isla en un inmenso ciber Shibuya donde todas esas almas solitarias residan en servidores y solo interactúen en espacios virtuales, lejos de trabas físicas, en un perpetuo huracán de sensaciones pop. Está claro que para ellos lo de follar es de pobres de espíritu, que se digitalicen y vivan en un paraíso de anime.