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| anarcoma nazario |
El mundo de los juegos ha evolucionado mucho. Solo cuatro
nostálgicos se pasan las horas muertas comprando hoteles en el Monopoly o comiendo
una y contando veinte en el parchís. Los billares ya no congregan a lo peor de
cada casa, los futbolines no reúnen a los chulo piscinas con su tiquitaca
arrabalero. Se han pasado todos a los videojuegos para ponerse al volante de
una bestia parda de dos mil caballos e ir a tumba abierta por la interestatal incendiando
el asfalto. También los hay que van a pie, se embuten en una armadura de marine
psicópata y limpian de charlis hasta la última alcantarilla. Pero nada de eso se puede comparar a una
buena partida de petacos, sobre todo si entre carambola y carambola te van
torpedeando por la popa, como en la viñeta que ilustra esta sesuda reflexión.
El gran Nazario fue un adelantado a su tiempo, el primero en trabajar el
concepto de realidad aumentada, que buenos eran los cipotes que salían en
Anarcoma, heroica travesti capaz de pasarse por la piedra un tercio entero de
la legión antes de desayunar. Y después de comer un buen orgasmo agarrada a la
máquina de petacos, nada mejor que correrse en plena bola extra mientras le das
la vuelta al marcador.






