lunes, 15 de enero de 2024

Pedida de mano


─Buenos días, señor. Vengo a pedirle la mano de su hija.

─Nos sentimos muy honrados, pero estoy en la obligación de informarte de la peculiar personalidad de mi hija. 

─Yo la quiero en lo bueno y en lo malo.

─Eso te honra, pero quizás no pienses igual cuando la veas pasear de noche por el cementerio vestida de lagarterana. 

─Yo quiero que cumpla todas sus fantasías.

─Está bien, pero que sepas que se arranca a cantar el himno del Betis cada vez que pisa un Zara.

─Esa naturalidad la hace única. 

─Y sabe que ella y las atorrantes de sus amigas frecuentan los mejores salones de té de la ciudad poniéndose hasta las cartolas de carajillos.

─Es una costumbre que tienen desde la adolescencia, es parte de su encanto.

─ ¿Te sientes con fuerzas para vivir con ella y su colección de miles de tapacubos?

─Ni siquiera eso conseguirá tapar la boca a nuestro amor.

─Y lo de pasar las vacaciones en una piscifactoría, ¿qué te parece?

─Es una buena alternativa a la masificación playera.

─En fin, solo me queda advertirte que come los morros de cerdo con las manos.

─Bueno, yo a veces me como las uñas.

─ ¿Qué dice? ¡Desahogado! ¡Atorrante! No daré la mano de mi hija a un tipo tan vulgar, ¡fuera de mi vista, gañán!