Las
entrañables fiestas que se nos echan encima cuentan entre sus rancias
tradiciones con la de montar belenes, afición que es a los católicos
como las maquetas de trenes a los frikis. Este acartonado mundo suele
ser de sota, caballo y rey, o sea, María, José y el niño; los coros celestiales y pastorcillos haciendo bulto ya depende del presupuesto de cada uno. Pero siempre hay espacio para la innovación, como los de la tienda Non sit peccatum de Talavera de la Reina. Esa localidad es famosa por su cerámica abigarrada, platos y jarrones que epatan
con su barroquismo trasnochado desde los viejos aparadores. Pero el
citado negocio es una parafarmacia erótica que comercializa el famoso
Lancero de Talavera, que no es otra cosa que un consolador de cerámica
de ley con el que darle gusto a su distinguida clientela. El dildo
ha sido diseñado por el escultor Ernesto Yáñez y parece que fue un
éxito de crítica y público, que la creación de objetos que alegran la
vida siempre ha estado bien visto. Pero este año a los de Non sit peccatum se les ha ocurrido montar un escaparate en el que los artísticos dildos simulan
a la sagrada familia, y se montó el belén. Una agrupación que se hace
llamar Los hijos de María les está haciendo la vida imposible. Varios
iluminados han ido al local a rezar a grito pelado contra el supuesto sacrilegio y hasta han tachado con espray el rótulo del negocio.
Se
da la casualidad de que el año anterior también montaron el mismo
escaparate, pero parece que la virgen no estuvo diligente en avisar
a sus acólitos. Los dueños del local están haciendo una encuesta entre
sus clientes en las redes sociales para saber si quieren que retiren el
belén de la discordia. Porque ya se imaginarán que ninguno de los que se
pone a rezar en la puerta del establecimiento es cliente suyo. Y ahí radica el problema, que si estos hijos de María tuvieran un buen dildo
entre manos en vez de tanto rosario verían el mundo mucho mejor y
dejarían de amargarse la vida propia y la ajena. Rezaremos para que vean
la luz.


