Ya sabemos que follar solo a lo misionero aburre. En el intento de echarle al sexo perejil podríamos llenar una enciclopedia de muchos volúmenes. Cada cual tiene su fantasía, y muchos una amplia panoplia. Desde los que les pone hacerlo en ascensores, probadores o churrerías, hasta los que les va vestirse de lagarterana u hombre rana, hay gente para todo. Y quedan los que no entran en ninguna categoría, al menos inventada todavía, como el caso que hoy nos ocupa.
A finales de enero un joven se presentó en un hospital de Toulouse quejándose de un fuerte dolor de espalda. Tras la exploración pertinente, el equipo médico descubrió que las molestias provenían de un obús de 17 centímetros que el tipo tenía alojado en el recto. El proyectil era una auténtica pieza de museo, un obús alemán de la primera guerra mundial. Cómo acabó la bala en el culo de este inquieto joven es un dato que todavía se desconoce. El caso es que la operación de extracción, además del equipo de anestesia, de cirugía y enfermería, contó con la intervención especial del cuerpo de bomberos y de los artificieros de la policía, por si al obús le daba por explotar en el momento más inoportuno. Afortunadamente, el joven salvó el culo, pero le caerá un buen paquete por andar jugando con munición de guerra.
No se sabe qué animó al fogoso francés a meterse un obús como si fuera un supositorio. Por especular, parece que le ponen cachondo las hazañas bélicas. Quizás quería revivir en carne propia la guerra de las trincheras, quizás quería sentir la carnicería de Verdún. Puede ser un extraño caso de amour fou. Le recomendamos que en próximos experimentos utilice objetos con menos tendencia a explotar, tal que plátanos o pepinos. Y que no excluya la posibilidad de buscar algo de calor humano.

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