lunes, 18 de mayo de 2026

Noche de ronda (I)


 

Los días en Salamanca transcurrían monótonos y tristes para Tirso, una vez que las novatadas padecidas quebrantaron un tanto su ánimo, desconfiando de sus camaradas y yendo mohíno de las clases a su alojamiento. Por si fuera poco, cada vez que hacía gala de sus conocimientos en literatura caballeresca, género que creía la máxima expresión de la nobleza humana, todos se burlaban de sus razones. Las clases de lógica o de retórica llenábanse de ejemplos de artistas cuyas obras hacía siglos que criaban polvo, pero no había ni una cita para las grandes novelas de los contemporáneos. Lo poco que se daba a los demás hizo de él un bicho raro, y como todos los que se separan de la manada, fue diana de chuflas y bromas.

Todos los días volvía de recibir las lecciones cruzando por la plaza del Corrillo y la de San Martín, a aquellas bulliciosas horas llenas de gentes de toda condición, desde escolares a clérigos, nobles o artesanos. Tirso no atendía a lo que allí se cocía, pues las más de las veces venía dándole vueltas a lo que en el aula acababa de oír, o rememorando algún lance de sus amados caballeros. Pero cierto día en que un gran carruaje pasó a su vera, Riquelme, uno de sus compañeros, amonestole de esta guisa:

─ ¿Cómo eres tan ingrato?

─ ¿Qué dices?

─Que esas no son maneras de tratar a una dama. Acaba de comerte con los ojos al pasar en su carroza y ni para ella has mirado.

─ ¿Qué dama?

─Doña Violante Gonzaga de la Goma, hija del conde de Trijueque. ¿Tan ciego estás para no darte cuenta de que bebe los vientos por ti?

─ ¿Por mí? Pero si en mi vida he cruzado palabra o mirada con ella.

─En eso veo que no eres muy ducho en amores. Pero acaso no te percataste de que todos los días cuando sale de escuchar misa mira en derredor suyo buscándote. Que cuando pasa el carruaje por la plaza corre discretamente los visillos por saber de ti, y que cuando al fin sus ojos topan con tu figura sus suspiros retumban hasta en las murallas.

─En verdad te digo que lo que me cuentas me deja sorprendido.

─Pues deberías dar gracias a Dios de que dama tan bella y del más rancio abolengo se prendara de ti. Antes escuchaba misa al despuntar el alba, pero desde que la llagaste ha acomodado sus devociones a tus idas y venidas.

─Pudiera ser, pero aun así mi cometido es el estudio y no el devaneo con damas.

─Tú verás lo que te haces, pero lances como este no se le ponían tan a huevo ni a Lanzarote ni al resto de la mesa redonda. ─ Y fuese Riquelme poniendo cara de quién estuviera en tu lugar, truhan.

 

lunes, 4 de mayo de 2026

Muerta la titular


 

Los bancos levantan consenso general, nadie tiene peor fama. El sector financiero es un inmenso sumidero que engulle todo lo que atrapa. Entidades crediticias a las que no damos crédito de tantas fechorías hechas y por hacer, capitalismo del sablazo, madre de todas las crisis, pandemónium mercantil, vampiros corporativos, trituradora de haberes ajenos. Lo mejorcito que ha dado el capitalismo, que ya es decir. Hoy traemos una entrañable historia sucedida en una de tantas sucursales abiertas por el mundo y que describe muy bien al sector.

Los hechos sucedieron en el estado de Odisha, en la India. Un hombre se acercó al banco con la intención de sacar el dinero de la cuenta de su hermana, recientemente fallecida. De inmediato sonó la alarma de Retirada de Efectivo y se declaró el zafarrancho corporativo. Se pusieron en marcha todas las trabas burocráticas para que tal contingencia no se llevara a efecto. Tenían un factor a su favor, el hombre era analfabeto. Si torean sin despeinarse a gente con tres licenciaturas y dos másteres, imagínense a un paisano sin formación. Según su versión, los del banco le dijeron que para sacar el dinero tenía que ir la titular de la cuenta. El hombre no paraba de decir que su hermana ya ni sacaba ni metía, que estaba muerta y enterrada. El de la ventanilla respondía que ése no era problema suyo, y sin la autorización de la titular no se llevaba una rupia. Visto que sin su hermana no había negocio, cogió una pala, se fue al cementerio, la desenterró y en olor a podredumbre se presentó con ella en la sucursal. Aquí está la titular, venga la pasta.

Los empleados de la sucursal llamaron escandalizados a la policía. Personados en el lugar del suceso, y a la vista de que la hermana no estaba en condiciones para gestionar su patrimonio, bastante magro, recabaron la información pertinente. Entonces los ejemplares empleados bancarios insistieron en que ellos solo reclamaron el certificado de defunción, y que en ningún momento intentaron poner trabas al desconsolado hermano, dónde se ha visto eso, si ellos están para servir a su distinguida clientela y solo viven para facilitar sus gestiones, que la culpa era del hermano de la finada, que se puso obtuso y optó por decisiones tremebundas.

Siempre que hay bancos por medio la autoridad hace la vista gorda, faltaría más. Al final, devolvieron a la hermana a su última morada y la policía ayudó al hermano con los trámites pertinentes al fin de embolsarse los veinte dólares que le dejó la finada. Esperamos que no se resientan mucho las cuentas del banco por semejante desembolso.

A la hora de captar capital todo es prometer hasta que metes. Luego, si te he visto no me acuerdo. Que si falta una autorización, que si la abuela fuma en pipa, que si el mercado de futuros de Chicago está muy volátil, que si hay nubosidad variable en la Azores. Y después resulta que los ladrones son los que van con la media en la cabeza.

lunes, 20 de abril de 2026

Esquela

—Los periódicos cada día tienen menos credibilidad.

—Llevas razón, la única sección que tiene cierta veracidad es la de necrológicas.

—Y no siempre, el otro día sin ir más lejos me encontré con mi propia esquela.

—Desde luego, se ha perdido la vergüenza, ya ni esperan a que se muera uno.

—Y tanto. Cuando llamé para advertirles de su error, pues como ves estoy vivito y coleando, me dijeron que no había tal.

—¿Te tomaron por un fantasma?

—No, me dijeron que mi ex fue la que encargó la esquela, y el que paga es el que tiene la verdad.

—Vamos, que desde entonces estás viviendo de prestado.

—Más o menos, pero tú sabes la tranquilidad que da vivir con la esquela ya pagada, aunque sea por esa arpía.

—Hombre, bien mirado, mi póliza de decesos no me cubre esa contingencia.

—Pues lo tienes fácil, cásate con mi ex, y en unos añitos esquela a cuarto de página en la edición dominical.

—Pues igual me sale a cuenta. Y sí, tu ex es un poco bruja, pero tiene su morbo.

—Pues ten cuidado no te deje hecho polvo.

—Chico, de algo hay que morir.

—Eso también es verdad.