lunes, 9 de julio de 2018

La ley de la selva



Cuando el hombre mete el hocico en cualquier ecosistema el resto de especies suele salir trasquiladas. Llevamos miles de años matando todo lo que se menea por tierra, mar y aire, parece mentira que queden seres vivos en la tierra aparte de nosotros. En un acto de suficiencia muy humana, últimamente hemos decidido proteger ciertas especies de la extinción. El rinoceronte es uno de los animales en la cuerda floja. La estúpida creencia de que su cuerno tiene propiedades afrodisiacas está acabando con ellos, a pesar de que hace años que el viagra da mejores prestaciones en la cama sin necesidad de sacrificar inocentes.
 Los cazadores furtivos no tienen ningún reparo en convertir a los rinocerontes en animales tan difíciles de ver como los unicornios, su cuerno es su perdición. Hace poco tres furtivos entraron en la reserva de Nick Fox, en Sudáfrica. En la selva solo sobrevive el más fuerte, o comes o eres comido, y esta ley inexorable se cumplió otra vez. Parece que los cazadores de rinocerontes se toparon con unos leones y se los merendaron. Solo encontraron una cabeza perdida, los zapatos y los rifles, todo lo demás sirvió para colmar el apetito de las fieras. Como ven, fue todo un festín. Los responsables de la reserva sospechan que si no se los hubieran comido, estos chicos fácilmente hubieran acabado con toda la población de rinocerontes de la reserva. No hay mal que por bien no venga.
Deseamos que este lance sirva de escarmiento a otros con parecidas intenciones. La cuesta abajo de don Juan Carlos El Campechano comenzó con un safari, quizás también los cazadores furtivos terminen de cazadores eméritos y podamos vivir en paz todos.

2 comentarios:

Doctor Krapp dijo...

Quizás la solución sea encontrar alguna parte del ser humano, no voy a ofrecer hipótesis al respecto, con suficiente atractivo como para mantener la fiereza de algunos de esos animales temibles que sobreviven a pesar de nosotros.

chafardero JM dijo...

Puede ser una solución, aunque lo de servir de merienda a las fieras también puede desanimar a más de uno.