lunes, 13 de febrero de 2017

Gayumbos rotos

clásico calzoncillo blanco

Los que desde pequeñitos hemos llevado en el interior Abanderado hoy estamos consternados por la dejadez de nuestros congéneres. Según una encuesta más del cuarenta y cinco por ciento de los hombres lleva calzoncillos viejos o con agujeros, y la cuarta parte de ellos da poca o ninguna importancia a la ropa interior. Ante un tema tan sensible hay que hablar a calzón quitado: el tópico que se regodea en el tipo que solo se quita los gayumbos para darles la vuelta y tirar con ellos un par de semanas más va a resultar cierto, así como que las únicas innovaciones estéticas no van más allá del clásico estampado a base de palominos.
Pero cuando leemos la letra pequeña de la encuesta creemos que no todo está perdido. Primero, porque se hizo en Bélgica, Holanda, Francia y Alemania, por lo que a los bragados españoles podemos darles por ahora el beneficio de la duda. Después, porque Zeeman, la empresa encargada de meter el morro en tales intimidades, preguntó a las mujeres para que hablaran de los calzonazos de sus maridos y novios, una táctica claramente tendenciosa. En estos datos hay un soterrado ajuste de cuentas del sector femenino. O también que el macho una vez que cubre a una hembra de forma regular se olvida del protocolo, de las buenas costumbres y le sale otra vez el pelo de la dehesa. Pero hay un amplio sector de hombres al que no le duelen prendas a la hora de renovar el cajón de los calzoncillos. Los que están todavía en el mercado ponen más esmero en deslumbrar a sus ligues a la hora de bajarse los pantalones.
Nos gustaría conocer una encuesta hecha a los hombres sobre bragas, fajas y demás complementos íntimos femeninos, iba a ser un despendole. Mientras tanto, queremos pensar que dichos como el de que tienes los ojos más negros y más rasgados que los calzoncillos de un gitano son cosa del pasado, que hoy en cualquier mercadillo te haces con tres gayumbos por dos euros.

lunes, 6 de febrero de 2017

Sobradamente preparado

peligro

Por si no están al corriente, REE es la empresa encargada de gestionar las líneas de distribución eléctrica en el país. Una tarea de gran complejidad técnica. Sería lógico que su consejo directivo estuviera formado por reputados expertos en el ramo. Pues no, con su último fichaje se han ido por las ramas contratando al jardinero Arsenio Fernández de Mesa.
Si presuponen que en REE se entra por enchufe o por servicios políticos prestados, no es verdad. La propia empresa ha pregonado el impresionante currículo de Arsenio para el puesto. Pero como suele suceder en estos casos el historial estaba más inflado que las tarifas eléctricas. No es un caso de sobre cualificación, cuando uno va de sobrao basta con que sepa accionar el interruptor adecuado. Nos informan de que el aspirante es funcionario del estado, lo cual es cierto. Pero en la categoría de auxiliar de jardinería, puesto que le cualifica como pocos para asesorar sobre el mejor fertilizante a usar con los  ficus que adornan la sala de juntas. Según su currículo, también es inspector técnico de una multinacional inglesa, lo que se traduce en una etérea  relación con una empresa de pintura para barcos. Desde su nueva responsabilidad igual se embolsa una buena comisión encargándoles repintar de verde guardia civil todas las torretas de alta tensión. Otro de los méritos que atesora son varias diplomaturas, que no es otra cosa que algún cursillo que el  ministerio de defensa impartió a los señores diputados. No sabemos si en ellos aprendió a cambiar los fusibles de la garita o a desmontar el toldo de la plaza de armas.
El señor Arsenio antes estuvo de director de la guardia civil, buen puesto para un jardinero con ganas de repartir leña. El jefe de los picoletos cambia las porras por los postes de la luz, que poca diferencia hay entre una carga policial y una descarga eléctrica, el caso es dar todo por la patria, por supuesto, debidamente remunerado. Su superior en el cargo, el ínclito Jorge Fernández, se tuvo que conformar tras su cese con una comisión parlamentaria de segundo nivel. Se ve que su ángel de la guardia, Marcelo, no estuvo diligente. Pero el ángel de Arsenio se llama Mariano y es mucho más cumplidor.
Más de 170 mil euros cobrará Fernández de Mesa a mesa puesta en REE. Pero para la ciudadanía es una buena inversión. Los próximos recibos de la luz olerán a lavanda.

lunes, 30 de enero de 2017

Trump encebollado

cebolla trump



Por si alguien no se había enterado en este remoto confín del imperio, en la metrópoli tienen nuevo presidente. Un tal Trump es el que corta ahora el bacalao, tipo que concita el rechazo de amplios sectores tanto en su país como en todas sus colonias. Lo más suave que le han dicho es populista, epíteto tan de moda, además de racista y machista. Aunque no crea en el calentamiento global hay que reconocer que sabe caldear el ambiente. Llegó a la presidencia con la promesa de ponerle puertas al campo, reto a la medida de un magnate de la construcción. Otra cosa es que de puertas para adentro muy pocos se creen sus fanfarronadas. Ya se echa de menos al cool de su predecesor. Obama bombardeó medio oriente medio y casi nos cuela un tratado de libre comercio que se pasaba por el forro derechos de trabajadores y estados, pero su talante progresista hacía menos daño a las conciencias bien pensantes.
Con Trump llega a la casa blanca uno de los suyos, uno de esas amplias capas medias americanas donde la vulgaridad y la chabacanería son moneda corriente. Es el yanqui que eructa satisfecho mientras su jugador preferido llega a la tercera base, que recela de todo lo que no sea blanco y protestante, que ve complacido que uno como él, que llama a las cosas por su nombre, sea el que manda. Porque Trump, a pesar de venir de familia de pasta, encarna la mediocridad triunfante, la sordidez rampante.
Mientras tanto, la resistencia se organiza. Una iniciativa surgida en Twitter intenta que un perfil liderado por media cebolla metida en una bolsa de plástico tenga más seguidores que la cuenta del presidente. Parece que el repeinado no tuvo tantos espectadores como le gustaría en su toma de posesión, y ahora quieren aguarle la fiesta intentando que la cuenta cebollera le supere en seguidores. Ya se acercan a los 750.000, lejos de los 21 millones del presi, pero nos gustaría ver la jeta de cemento que se le queda al contratista metido gobernante al ser superado en Twitter no por una cebolla sino por media. No se echará a llorar, pero quizás le escueza.