lunes, 5 de mayo de 2014

El verde pañuelo de don Celemín (II)


Vencido y maltrecho don Celemín, no tuvo otra que capitular y reconocer la valía de la dama de su oponente. Lo que dictan las reglas de la caballería es que fincado de hinojos ante doña Brisilda le rindiera pleitesía, pero visto el lastimero estado en que había quedado se acordó que don Celemín haría entrega a Marco Parco del pañuelo verde con sus armas bordadas que como insignia de su dama llevaba prendido del brazo y se lo entregara en Ventorrillo a la dama de Flequillo Flojo.
En principio, Marco se dijo que para seguir la costumbre tendría que rematar él las aventuras de su señor. Después, a pesar de que Ventorrillo distaba dos jornadas, no puso inconveniente, por volver a su patria chica a ver a sus parientes, y sobre todo por llenar las alforjas de cecina y longaniza. Mientras el escudero se encargaba de tal encomienda, Flequillo Flojo quedaría meditando sobre las muchas prendas que adornaban a su dama bajo el algarrobo que tan gloriosamente había conquistado.
La hora era cumplida en la que el soberano sol daba paso a la luna plateada cuando Marco se acercó a la ventana donde Brisilda solía bordar a la fresca. Cuando vio al escudero de Quinto Terco que la requería para unas palabras cruzar, se acordó de aquel aventado de su vecino que un día le dijera que andaba tras sus huesos y que en vez de cortejarla como mandan los cánones se había echado por esos caminos de dios a cantar sus encantos mientras ella permanecía en Ventorrillo a dos velas.
Que dice mi señor que en singular combate ha aumentado su honra y vuestra fama de tal manera que hasta en Sebastopol hablan de vos. Y que como prueba de la hazaña realizada aquí os traigo este pañuelo que fuera de don Celemín de Megapilas, y que ahora es vuestro, pues él os reconoce como la más donosa de esta parte de la tierra.
 – Gran presente, después de meses sin su presencia, es presentarse con un pañuelo, pero bienvenido sea por ser de quien es. Tengo aquí casualmente aderezada una pequeña escala hecha con unas sábanas para que pueda subir y entregármelo.

8 comentarios:

Rafa Hernández dijo...

Aquello eran enamoramientos, romanticismos y amor puro. Cuanto echo de menos aquella época, además por la mínima le rebanabas a uno el pescuezo.

Saludos.

chafardero dijo...

@ Rafa:
Y tanto, muchos suspiros para sus damas y mandoble va mandoble viene para los contrarios a su causa.

U-topia dijo...

Brisilda si que sabe jejeje

Me he quedado colgada de la cecina y la longaniza!!

Dr.Krapp dijo...

No me fío de esa dama, que las de mi pueblo son de armas tomar y a lo mejor quiere demostrar la resistencia de su amante no apretando suficientemente los nudos de las sábanas para saber si el atrevido es resistente a los porrazos.

Rick dijo...

¿Una escala? Uuuuyy... yo tampoco me fío de esa dama, pero por razones distintas a los que esgrime herr doktor: donde hay escalas suele haber coyundas...

chafardero dijo...

@ U-topia:
Tener por pretendiente a un tipo que te manda al criado con un pañuelo en un alarde de pasión puede resultar demasiado para muchas mujeres.

chafardero dijo...

@ Dr Krapp:
Me da que a Brisilda le interesa que los que escalan lleguen a buen puerto.

chafardero dijo...

@ Rick;
no anda desencaminado, que la escala es preludio del pecado.