lunes, 18 de marzo de 2019

Cabinas

retrete cabina


Las cabinas telefónicas son esa parte del mobiliario urbano que se ha vuelto transparente a fuerza de no usarlo. Nadie cruza las calles con premura ojo avizor en busca de aquellos quiosquillos acristalados para dar recado de que llegará tarde a la cita con su amada, pasarle el soplo a la pasma sobre una red internacional de tráfico de valores postales o llamar a la tía del pueblo por saber qué tal iba la recogida de la patata. Desde que llevamos teléfonos en el bolsillo miramos por encima del hombro ese vestigio del pasado donde por unas monedas podías poner llamadas locales y hasta conferencias. A pesar de que las compañías pasan de ellas se resisten a morir, y como se ve en la fotografía, hay quien le encuentra nuevos usos. Seguro que más de uno con un apretón agradecerá el poder evacuar de forma correcta viendo la vida pasar en vez de meterse tras un seto o ir al retrete cutre de algún bar. López Vázquez quedó atrapado en una, hoy sería difícil pues nadie entra en ellas ni a robar la magra recaudación, pero como urinario quizá tenga futuro estas piezas del pasado. Se necesitaría alguno de estos influenciers a los que les falta un hervor para subir fotos a Instagram alabando el marco vintage y los sorprendentes efectos sobre la motilidad intestinal de las queridas cabinas y que sus seguidores se caguen de envidia.

lunes, 4 de marzo de 2019

Bolso de piel


El sector de los complementos para la mujer a la moda es un universo en continua expansión. Colores, materiales, diseñadores, marcas a tutiplén hacen difícil el hecho de llevar una bolsa donde meter las llaves, el móvil y los Kleenex. Todos sabemos lo arduo que resulta a veces combinar los trajes multicolores de Desigual, encontrar un bolso discreto para una cena formal, el capazo lo suficientemente grande para ir a la piscina o un modelito pequeño y práctico para quemar la noche. Y después están las mujeres con unas necesidades fuera de lo común, como Joan de Manchester, a la que a sus cincuenta y cinco años le van a amputar una pierna. Ante la perspectiva de desprenderse de una parte tan preciada de su cuerpo se le ha ocurrido hacerse un bolso con su piel para sobrellevar la pérdida. Se ha dirigido a la web de diseño Sewport donde le han ofrecido varios modelos, solo falta el artista dispuesto a trabajar con piel humana. Tiene un presupuesto de tres mil libras y en el bolso se podrían utilizar otros materiales además de la piel de la propietaria.
Joan lleva el reciclaje a sus últimas consecuencias, y si consigue su propósito tendrá una conexión especial con el bolso que evitará que se lo deje en el asiento del autobús a en la barra del pub. Otra cosa es que la piel paliducha de las inglesas sea la más apropiada para la marroquinería, nada que un buen tintado no pueda solucionar. Con la dependencia que tienen muchas mujeres de su bolso, en este caso Joan no haría más que cambiar un apéndice por otro. Por el momento el mayor problema estriba en encontrar un artista del cuero que se atreva a trabajar la pierna. No parece haber muchos candidatos, quizás haya que llamar a Anibal Lecter y ver qué puede aderezar.