lunes, 6 de noviembre de 2017

Alta vanidad



El pavonearse delante del prójimo es una de las grandes aficiones de la peña, y desde que existen las redes sociales es todavía más fácil dar la nota. No importa que en la vida analógica te pegues por unas bragas en el Primark, en la vida digital posarás indiferente con un visón mientras tomas caviar a cucharadas. Pero en este juego de apariencias también hay clases y a los rusos hay que echarles de comer aparte.
Las antiguas repúblicas de los soviets pasaron de un comunismo a machamartillo a un capitalismo de catecismo, con una casta de nuevos ricos con el deje hortera de los que pueden comprarlo todo menos el buen gusto. Después están los que quieren pero no pueden, y para ellos ha nacido Private Jet Studio, una empresa moscovita que te alquila un jet privado para que saques fotos en el y luego puedas subirlas a Instagram y que todos tus seguidores se mueran de envidia. Por unos doscientos euros estás dos horas para que hagas todas las fotos que quieras, y si pones el fotógrafo te hacen rebaja. Si te sobra el dinero, por el doble te puedes grabar en video despatarrado sobre el asiento de cuero mirando indiferente por la ventanilla, o haciendo que estudias un informe de ventas amorrado al minibar. El caso es epatar y conseguir likes.

Se preguntarán qué vuelo se puede realizar en esas dos horas de sesión fotográfica, y les diremos que para ese viaje no necesitarán alforjas pues el jet no se mueve de la pista. Así se evita el estrés de volar, y sobre todo la minuta de la tripulación y el combustible. Pero eso sus seguidores no tienen por qué saberlo. Ustedes compongan la sonrisa de superioridad del que se encuentra en la cima del mundo, que cuando se bajen del jet y vuelvan a casa en metro nadie sabrá que es un magnate de tapadillo.

6 comentarios:

Rick dijo...

El nivel de horteridad de los rusos hace tiempo que superó a los jeques de los emiratos. Esta noticia que nos cuentas acaba de recordarme una imagen imborrable para mí: hará veinte años más o menos, estábamos en una playa de Formentera una tropa de gente de medio planeta cuando de pronto aparece un ruso con dos "amigas". Iban los tres en bañador; él, de unos cincuenta años y un barrigón enorme, llevaba un tanga y un Rolex de oro que debía pesar cinco kilos. Ellas, con zapatos de tacón larguísimo, ideales para caminar sobre la arena). No veas qué aires se daban.

Pero sí, todo puede contagiarse. Y gracias a las excelsas redes sociales seguro que triunfa este tipo de servicios, porque la estupidez humana no conoce banderas. Esteladas o no.

U-topia dijo...

Madre mía, el grado de estupidez del ser humano es aberrante, que penoso que lo que triunfa es parecer rico (y yo me pregunto: ¿quien de los conocidos se creerá que el cateto ese tiene un jet? ¿o es solo para desconocidos?) Bahh!! Se merecen a Putin (claro que nosotras/os no salimos muy bien parados, por ejemplo ¿servidora se merece a Puigdemont y su gira por Bruselas...?).

Doctor Krapp dijo...

Tiene su lógica, su lógica absurda pero lógica al fin y al cabo. Siempre queremos lo que no tenemos y las manifestaciones más rimbombantes del capitalismo son atractivas para los que se acostumbraron demasiados años a la escasez o al rechazo.
Luego la salida del régimen anterior fue una especie de sálvese quien pueda y se hicieron fortunas rápidas y plagadas de mal gusto al estilo de las que triunfaron aquí con el franquismo. Recordemos el proverbial mal gusto de los mafiosos en las series y películas sobre ellos.
Salud

chafardero JM dijo...

@ Rick:
pues por muchos aires que se dieran sería un espectáculo verlas en tacones por la playa. Ahora andarán por los jets de alquiler, hechos para pisar fuerte.

chafardero JM dijo...

@ U-Topia:
los seguidores de redes sociales son en general gente que no conoces de nada, así que se la puedes meter doblada, o eso creerán estos al salir en el jet como si tal cosa.

chafardero JM dijo...

@ Doctor Krapp:
Habría que hacer un estudio para saber quien se lleva la palma en lo de mal gusto, pero creo que entre rusos y chinos iba a estar muy reñido.