domingo, 20 de marzo de 2016

Pomona (y VI)



Si en algo estaba de acuerdo el atribulado sir Watkyn en todo lo que había oído hasta ahora era en la posibilidad de que en el futuro no volviera a coincidir con el primo McMahon bajo ninguna circunstancia. Por lo demás, por mucho que intentaba hacer memoria no conseguía entender de qué manera había caído en la insensatez de prometerse a aquella mujer de armas tomar. Verdad era que siempre había admirado en Pomona su determinación y su marcado espíritu artístico, además de su generosa delantera, no en vano entre los muchachos solían hablar de Big Bingo y de su hermana Big-Big Pomona; pero todo ello le parecían unos cimientos poco solidos sobre los que construir un compromiso formal. Pero ciertas imágenes inconexas se revolvieron en el fondo de su mente: él de rodillas tras un sofá sosteniendo la nívea mano de Pomona, palabras ardientes dichas con la mano en el corazón, su mano que sin saber por qué buscaba las rotundas tetas de Big-Big, la mano de Pomona soltándole un sonoro sopapo. Decididamente, sir Watkyn concluyó que la situación se la había ido de las manos.

 -Bien sé que siempre has andado tras de mí, darling, y que tus visitas a nuestra casa no eran para escuchar las fantasías filatélicas de mi hermano sino porque bebías los vientos por mí. Como dice el clásico In vino veritas, tenía que esperar a que te emborracharas más de lo habitual para que te me declararas. Pero una vez que has dado el primer paso, darling, lo demás corre de mi cuenta.

La capacidad analítica de Cheesepound estaba algo alterada por el torrente de acontecimientos que se agolpaban en las últimas horas, pero en lo más íntimo de su ser comprendió que de ahora en adelante su vida correría por cuenta de Pomona.

-Visto que te has empeñado en aguar nuestro desayuno, será mejor que quedemos esta tarde. Supongo que apuntarías en tu agenda que hoy a las cinco presento en Garden Galery mi nueva colección de pamelas, y por supuesto tu presencia es inexcusable.

Como única respuesta el gaznate de Cheesepound hizo un movimiento reflejo, tragando toda la saliva generada por aquella irresistible invitación. Segura de sí misma, Pomona giró sobre sus talones y abandonó la habitación sin esperar respuesta. Kingsoup, que desde la puerta había presenciado la entrañable escena de los recién prometidos, saludó a la señorita Twistleton con un leve movimiento de cabeza. Una vez solos, se acercó cautamente a la cama en la que yacía su señor y le preguntó:

- ¿El cianuro lo prefiere con té o con leche?

-Lo dejo a su criterio.

6 comentarios:

Krapp dijo...

Ahora empiezo a entender ese libidinosa atracción desbordada que sienten los masoquistas por las severas dominatrices británicas, estilo Mary Poppins pero con mala leche en vez de magia.
Saludos

U-topia dijo...

¡¡Una colección de pamelas!! Comprendo que su presencia sea inexcusable, ahora lo del cianuro puede complicar un pelín las cosas...

Salud-os!!

Rick dijo...

Ah, qué desvarío tan clásico, esa obsesión por los grandes volúmenes (y vuelvo a mi comentario del principio de esta encantadora serie). Por desgracia, parece que en este caso ni siquiera llegamos al "estilo dominatriz" que anota herr doktor, sino a una vulgar colección de pamelas.

El cianuro, mejor con whisky. Irlandés, a ser posible.

Más saludos.

chafardero JM dijo...

@ Krapp:
La mala uva hay a quien le pone, y nuestra Pomona tiene para dar y tomar.

chafardero JM dijo...

@@ U-Topia:
Tener que dejar las francachelas con los amigos del club para asistir a semejante tostonazo es para pensarse lo del cianuro.

chafardero JM dijo...

@ Rick:
El whisky irlandés sería la primera opción, pero visto el resacoso estado de la víctima el mayordomo se ha apiadado de él.