domingo, 20 de septiembre de 2015

Güisqui ga-gá






La carrera espacial es una de las grandes proezas de la humanidad, un intento de conquistar el infinito que ha tenido que sortear obstáculos de todo tipo, tecnológicos, presupuestarios o la simple cerrazón de muchos incapaces de despegar los pies del suelo. Pero la traba que hoy pasamos a contarles puede ser el golpe de gracia a décadas de esfuerzo e investigación sideral.

Se hacen muchos estudios todavía sobre el comportamiento del cuerpo humano en ambientes tan extraños como el extraterrestre y sobre lo duro que serán los largos viajes a otros vecinos del sistema solar. En el contexto de amenizar las largas distancias la destilería escocesa Ardbeg mandó a la estación espacial unas barricas de su mejor güisqui para que envejeciera durante tres años en gravedad cero. Tras ese periodo se procedió a la cata del brebaje ennoblecido en órbita no geoestacionaria, y el resultado no pudo ser más desalentador pues los expertos quedaron como si hubieran hecho gárgaras con legía.

Igual que le pasa a muchos humanos en la tierra, el güisqui envejece mal en el espacio. Según los que probaron el licor su sabor recordaba al pescado con matices de carne y retrogusto a caucho. Vamos, igual al Dic de toda la vida. Si lo hubieran hecho en Segovia se hubieran ahorrado una pasta en poner una barrica en órbita. Houston, tenemos un problema gordo si no podemos beber para olvidar que llevamos quince meses en una especie de secadora gigante con otros tres pelmas camino del cinturón de asteroides a ver qué tal ambiente hay allí los sábados a la noche. Los rusos, siempre más adelantados en estas cosas pues el espacio exterior solo es un poco más grande que Siberia, no tienen problemas con el güisqui. Los cosmonautas se ponen hasta el culo de vodka, que toman sin problemas en ausencia de gravedad hasta quedar ausentes. Aunque la verdad es que los rusos se trincan cualquier botella etiquetada como vodka independientemente de lo que contenga.

Habría que repetir la prueba. En el espacio lo propio es dejar descansar el güisqui durante cinco años luz. Eso sí, el precio de la botella se dispararía, y con suerte lo catarían nuestros tataranietos. Mientras tanto que le den al Valdepeñas, un peleón que mantiene su calidad en cualquier punto de la galaxia.

6 comentarios:

Rick dijo...

Uy, empezamos mal el asunto del aclimatamiento a los viajes espaciales. Si el primer efecto indeseado ya es de ese calibre, no me quiero imaginar con qué otros horrores han de toparse los sufridos viajeros del futuro. Menos mal que los que ya tenemos una edad estamos libres de quintas, que si no...

Rafa Hernández dijo...

Yo ya ni sé ni me acuerdo de montar en bicicleta, y además ya no está uno para muchos trotes. Vamos que para cosas raras como que ya no estoy. Yo más bien que quedo con los carajillos y algún cubata.

Saludos.

chafardero JM dijo...

@ Rick;
A los talluditos pueden reclutarnos para dar apoyo moral desde el control de misión en tierra, cómodamente sentado en el sofá con una birra en la mano.

chafardero JM dijo...

@ Rafa:
pues no quiero ni pensar la que se puede liar si te da por hacerte un carajillo en el cohete, aquello puede acabar como las fallas.

María dijo...

jaja mira, mejor que el experimento haya resultado un fiasco porque como tú dices, si resulta que el alcohol envejece mejor a gravedad cero que con gravedad terrestre veo a nuestra preciosa luna atestada de bodegas, sufriendo en sus cráteres vírgenes el boom del ladrillo que en tiempos sufrieron nuestras costas ... la carrera espacial que sirva para saber más y mejorar del universo, no para saturarlo de basura que ya le llega para dar gusto a paladares o narices exquisitas queeee... mira que somos idiotas xD! ;)

Un abrazo graande que sin el Dr KRAPP nunca encuentro el camino para venir a verte ( entro por su blog...¿le pegamos un grito a ver si nos escucha desde el otro lado de la luna donde seguro se esconde?.. además ayer hubo un eclipse de súper luna ;)

chafardero JM dijo...

@ María;
Tienes razón, solo falta que se dediquen a hacer botellón en la luna o en algún cráter marciano. Mejor que beban en casa que ya está la pobre tierra acostumbrada.
Y a ver si el buen doktor vuelve de sus largas vacaciones.
Un saludo