lunes, 20 de enero de 2014

Batman va saturado (I)

Gothan, lejana y sola desde lo alto. Las grandes venas de la metrópoli evacuaban su diaria carga de dolor, esperanzas incumplidas, soledad y desamor. La noche se cernía con su cargamento de sueños rotos mientras el lado salvaje de la ciudad se preparaba para tomar las calles.
Desde su puesto a la sombra de una gárgola que remataba un cansado edificio del centro, Batman vigilaba. El viento cortante como navaja no impedía al guardián de Gothan perder detalle de lo que pasaba al fondo de la calle. Llevaba muchas horas controlando aquel garito. La lluvia castigaba los ángulos rectos de los edificios mientras repasaba mentalmente el entramado de deficiencias administrativas, funcionarios corruptos y agentes de la ley que hacían la vista gorda necesario para que ese nido de podredumbre abriera sus puertas todas las noches como si de un honrado negocio se tratara. A cuánta gente habrá comprado el capo para que pueda pasear impunemente en un coche de cien de los grandes con dos bellezas neumáticas escoltándole como si fuera una estrella de la NBA, mientras mata poco a poco a la juventud de Gothan.
En la noche mostraba la ciudad sus heridas abiertas al frío del invierno. Los habitantes rumiaban sus existencias tras las paredes de sus refugios mientras se escondían de las dentelladas del temporal. Del garito salían un grupo de chavales, ninguno llegaba a los veinte. Batman apretó los puños, impotente. Nada podía hacer por ellos, salvo esperar a pillar al pez gordo con las manos en la masa.
Las horas pasaban monótonas. La lluvia seguía cayendo. El hombre murciélago continuaba al acecho, esperando su presa. Si sus informaciones eran buenas, hoy pasaría a recoger las ganancias. Poco faltaría para la medianoche cuando un cochazo paró ante la puerta del local. Era él, Al Giornelo, cuya familia controlaba todos los antros de mala muerte del centro.
No lo pensó. Saltó al vacío desde la alta cornisa. En el aire, uno de los batgarfios se fijó a una pared. Luego, ya cerca del suelo, otro se anudó a una farola moribunda, lo que le permitió frenar el salto y dar un giro para caer con los pies por delante encima del gordo seboso que se estaba estirando el traje tras bajar del coche. Con dos golpes certeros tumbó al guardaespaldas. El chófer tragó saliva y se estuvo quietecito dentro del coche.

8 comentarios:

Aristos Veyrud dijo...

Estaré pendiente del desenlace de esta trama donde el héroe justiciero ya se empieza a dar gusto.
Saludos!!!

Rick dijo...

Bien. La cosa promete. Da gusto recordar esa época en la que nos dejábamos llevar por las fantasías de superhéroes, que en el fondo son igual de creibles que la supuesta realidad actual. Una cosa es lo que vemos, otra la que nos cuentan y otra la verdadera, que nadie sabe cuál es. Así que, ya puestos...

Dr.Krapp dijo...

Es emocionante, espero que sigas. Mis superhéroes, en cambio, suelen ser ridículos.

Rafa Hernández dijo...

Estamos al acecho. Ya que el héroe no puede defraudar, aunque a veces se dejen ridiculizar.

Saludos.

chafardero dijo...

@ Aristos
pues el desenlace va a ser sabrosón, ya verás

chafardero dijo...

@ Rick:
estos justicieros siempren han oscilado entre lo épico y lo patético. Son personajes involuntariamente ridículos, ahí reside su gracia.

chafardero dijo...

@ dr Krapp
éste también va a rondar por esa zona, no te creas.

chafardero dijo...

@ Rafa:
es una de las señas de identidad de Batman, esperar colgado de cualquier alero hasta que el facineroso asoma el hocico.