lunes, 14 de octubre de 2013

La letra pequeña

cuidado con la letra pequeña
Que un ciudadano de a pie sea capaz de engañar a un banco usando sus mismas artimañas es más propio de un argumento de ficción visionaria que de una noticia, pero vean cómo la realidad a veces nos da inesperadas alegrías.
El héroe de la historia es Dmitri Agárkov, un avispado ruso que decidió contratar una tarjeta de crédito en un banco que opera por internet, Sistemas Crediticios Tinkof. Para cerrar la operación debía imprimir, firmar y mandar por correo el contrato. Pero una vez leído el documento Dmitri decidió cambiar alguno de los puntos por otros más acordes a sus intereses. Escaneó y alteró el acuerdo contractual, y debidamente cumplimentado lo remitió por correo a las oficinas de Tinkof. Allí, el oficinista de turno se limitó a sellar el papel y mandar copia a la parte contratante de la primera parte sin leerse la letra pequeña que le habían añadido. Entre las nuevas condiciones estaban las de crédito ilimitado, sin intereses ni comisiones. Además, incluyó dos clausulas en las que penalizaba al banco con fuertes sumas si cancelaban su tarjeta o cambiaban las condiciones del contrato. Estamos seguros que cualquiera de ustedes suscribirian en el acto una tarjeta tan rumbosa.
Durante dos años Agárkov gozó de las ventajas de su tarjeta de crédito sin problemas, a pesar de las diabluras que se escondían tras la letra menuda. Pero cuando entró en demora el banco le anuló la tarjeta y le reclamó unos mil euros, muchos de los cuales correspondían a comisiones que no estaban en el acuerdo firmado.
Dmitri informó de que habían violado las condiciones  firmadas y seguidamente acudió a los tribunales. Tinkof se defendió ante el juez diciendo que no habían leido el contrato, pero por respuesta obtuvieron que tiempo tuvieron de hacerlo y que ahora apechuguen con las consecuencias. Como no hay nada más peligroso en este mundo que un banquero burlado, y sableado, amenazaron a su cliente con cuatro años de cárcel y con las penas del infierno, pero éste no se amilanó y exigió una indemnización por la friolera de quinientos cincuenta mil euros. A pesar de las bravuconerías de Tinkof, al final las partes llegaron a un acuerdo amistoso que no ha trascendido, pero que suponemos beneficioso para Dmitri, que ahora vuelve a tener una nueva tarjeta de débito.
Aunque no den crédito a la historia, el interés reside en que es posible robar a un ladrón, solo hay que seguir sus mismos procedimientos. Mientras tanto, recomendamos leerse bien la letra pequeña, no nos la vayan a meter doblada como suelen.

2 comentarios:

Rick dijo...

Ahí, ahí. Es una lástima que la mayoría no seamos tan astutos como el taimado ruso, pero me encanta esa perspectiva de devolverles la jugada a los bancos por no haber leido la letra pequeña.

Lástima que ahora ya estarán avisados y se estarán tomando las cosas con mayor cautela. Este tipo de timos puede hacer estragos periódicamente entre el pueblo llano, pero los de arriba aprenden enseguida.

chafardero dijo...

Sí, pero a partir de ahora ellos tendrán que empezar a leerse la letra menuda, no se la vayan a colar de nuevo.