viernes, 15 de mayo de 2009

Mercadotecnia


-Buenos días, permita que le robe un poco de su tiempo, pero creo que el asunto lo merece.

-Buenos días. Pues usted dirá.

-Bien, como director de nuevos proyectos de su empresa bien sabrá lo difícil que resulta poner en el mercado un nuevo producto.

- Tiempo y dinero y muchas veces para nada.

-Así es. ¿Y sabe usted por qué? Porque en los más de los casos no se da con la palabra exacta para definir ese nuevo producto o servicio.

-Podría ser, pero qué propone usted.

-Vengo a ofrecerle una solución a sus problemas de lanzamiento, vengo a ofrecerle una palabra, nueva, recién inventada por mí, cuya sonoridad y claridad hará que cualquier bien con ella bautizado resulte irresistible a todos los potenciales compradores.

-¿Y puede saberse qué palabra es esa?

-Entenderá usted que no la suelte así, tan alegremente, sin saber si está interesado o no.

-Desde luego que estoy interesado, pero me gustaría comprobar su efectividad.

-Eso está asegurado. Le pusimos ese nombre a un revuelto de menudillos de pollo revenidos de la casquería de un amigo y la gente se lo quitaba de las manos.

-Ya ya, pero usted cree que esa palabra casará con nuestra línea de perfumes de mujer.

-Lo que importa no es si casa o no sino que las mujeres lo compren, y solo con musitar su nombre, con que lo retengan un segundo en su mente, no podrán parar hasta que no posean esa fragancia, huela a fresas o a chufas.

-Pues estoy interesado, que tenemos varios productos a los que no damos salida ni regalados.

-Mi palabra tiene además la ventaja de tener una variante con b y otra con v, igual de efectivas.

-Desde luego que su oferta es muy tentadora y merece ser estudiada. Además quizás podría ayudar a nuestra división editorial e inventar otra palabra que consiga sacar a flote su colección de libros de autoayuda para adolescentes con fracaso escolar agudo.

-Creo que pide usted imposibles, pero hay que confiar en el poder taumatúrgico de la lexicografía creativa, que si con una palabra mía conseguimos vender estampitas de San Pascual Bailón a la entrada de La Meca, quien sabe si con la correcta combinación de vocales y grupos consonánticos, sonidos líquidos y oclusivos sordos podamos meter en cintura a esos rampantes zagalejos.

-Dios le oiga

4 comentarios:

noveldaytantos dijo...

Es este un tema interesante. Y quiero comentar 3 asuntos al respecto.
1.- ¿Por qué la gente compra Lactobacillus, productos con Omega3, etc, si nadie sabemos qué coño es eso?.
2.- Hay un variedad de producto que me tiene intrigado: Lo que sea con "frutas del bosque". ¿De dónde coño van a ser las frutas, del metro de Barcelona?.
3.- He visto anunciado "muebles de madera de árbol". Sin comentarios.

chafardero dijo...

Lo que pasa es que a la gente le gusta que la engañen cuando va a comprar, así que le ponen nombres extravagantes a los productos pa que el consumidor se crea que ha adquirido algo con un plus de calité. Ahora bien, yo prefiero una mesa de genuino pino gallego antes que una de madera de árbol, que a saber lo que te meten.

noveldaytantos dijo...

Mira, me has convencido. Yo creía que la gravedad no existía, que los objetos caen al suelo por su peso.

chafardero dijo...

Es el poder de la lexicografía creativa