martes, 7 de octubre de 2008

Paraiso partido



Los clubs de futbol siempre han sido muy vivos a la hora de sacarles el dinero a sus socios, pero ahora han dado con la forma de sacárselo también después de muertos. Los forofos ya hace tiempo que tienen asumido que por cualquier partido de tres al cuarto tienen que aflojar tanta tela como si fueran a ver con un pase VIP a la Filarmónica de Berlín junto al ballet Bolsoi en Isla Mauricio. También pagan con devoción lo que les pidan por la camiseta del último fichaje barriobajero proveniente del cono sur, o por desatascadores, matamoscas, condones o cualquier otra bagatela con la bandera del club de sus entretelas.

Pero ya decimos que el afán de desplumar a sus seguidores ha dado un paso más. El Athletic de Bilbao, que está en trámites de construirse un nuevo estadio, más grande para que cojan más a precios más caros, ha pensado que sería una pena que después de muertos no se pueda seguir chupando la sangre a su mansa manada, así que están pensando instalar en el nuevo campo un columbario, recinto donde puedan descansar las cenizas de sus seguidores después de estirar la pata. Un espacio con capacidad para 20000 urnas, donde todo rojiblanco que se precie puede vigilar de cerca al club de sus amores, después de haber aflojado la mosca, por supuesto. La inventora del negocio es una empresa catalana, Giem Sport, que ya tiene en marcha macabros y parecidos proyectos con el Español y el Atlético de Madrid, además de otros equipos extranjeros. Los del Boca Juniors fueron los primeros en utilizar su bandera como mortaja para sus seguidores más pasados de vueltas, pero como esto pite, hasta los del Alcoyano van a poner a sus muertos a la salida del vestuario.

Hurra por la junta directiva del Athletic. Han conseguido que su dichoso campo lo paguemos entre todos vía impuestos, nos guste o no, y además, lo van a convertir en un crematorio por mor de sus afanes crematísticos. Seguro que las empresas encargadas de levantarlo no serán del todo ajenas a la gente que pulula por el palco presidencial, cuya principal vinculación emocional suele ser con el dinero.

El proceso de laicidad de la sociedad ya viene de lejos, que es bueno que Dios deje a sus criaturas vivir a su aire, así como la transferencia de sacralidad desde la religión hacia el arte, la política o incluso el deporte, pero con esta obscena iniciativa el más allá se va a convertir en algo tan ramplón y pedestre que se le quitan a uno hasta las ganas de morirse. La grandiosidad de ser enterrado en una catedral gótica se trueca aquí en acabar emparedado en un templo del berrido y el improperio. El cálido sacerdote y sus monaguillos que reconfortaban a los deudos en tan mal trago pasarán a ser un árbitro y dos linieres que dirijan a golpe de pitido la ceremonia. La serenidad de los cementerios, hecha de rectos cipreses e inmutables cruces se tornará olor a calcetín sudado y a eructos de pacharán. Del campo santo pasarán a descansar en el campo de batalla entre hordas de orates ladrando, jovenzuelos rompiendo tibias y mafiosos trapicheando en el palco.

Nosotros proponemos para los socios que deseen una mayor implicación con el Athletic que una vez muertos los echen en cal viva y que pinten con ellos las líneas del campo, que no hay mejor final para un forofo furibundo que acabar hecho polvo entre los tacos de las botas de su jugador preferido, previo pago de la tarifa vigente.

Como posiblemente parte de la masa social sea algo aprensiva y no acabe de ver las múltiples ventajas de yacer en el nuevo San Mamés, no estaría de más que cuando inauguren el balompédico cementerio fuera la junta directiva la primera en hacer uso de tan punteras instalaciones, para dar ejemplo más que nada.


2 comentarios:

Serio Pérez dijo...

En otros estadios se han visto obligados a desechar la idea porque los fantasmas se tornan luego insoportables: balones que describen trayectorias imposibles, árbitros que no ven faltas evidentes, objetos que vuelan desde gradas desiertas...

chafardero dijo...

Sí que hay mucho fantasma en los estadios, y sobre el césped ni te cuento, pero dudo que sus poderes lleguen a lo paranormal, más incluso, dudo que lleguen a la normalidad.